30/12/09

El Vicio

Cuando somos pequeños, somos imperturbables, lo que hacemos lo hacemos porque sí. No buscamos razones, no pensamos nuestras acciones, no. Sólo hacemos las cosas, no tenemos preocupaciones por nada de lo que nos rodea. Somos como extras de una película mala. Estamos, nada más. Sin embargo, vamos creciendo, y comenzamos a ver lo que nos rodea, a razonarlo, a reflexionar sobre lo que hacemos, y sobre lo que hacen los demás. Empezamos a salir de nuestro mundo particular infantil, nuestro pequeño nido feliz, para meternos en un mundo donde no eres el centro, donde nadie te sigue la corriente, donde eres uno más. Amigo, has entrado en el mundo real. Así, te ves cubierto de mierda por todos lados. Cuando de "chiquenino" te decían cómo debías hacer las cosas, cómo estaban bien, y te daban una galletita; cómo estaban mal, y te pegaban un zapatillazo, tu pensabas que "eso" es lo que debías hacer en el mundo. Te crían con una moral perfecta. Pero cuando sales al mundo... nada es como contaban los cuentos. Parece como si el mundo fuera al contrario de esas maravillosas narraciones que nos dormían de pequeños. Te aturde el mundo real. Y por eso, un día, alegre y feliz día, llama a tu puerta "el vicio", así, hablando generalmente. Que maravilla... Necesitamos de esa evasión. Necesitamos sentirnos bien en esa mentira mundial. Necesitamos vernos más allá de todo lo real, que es malo, porque no es como nos lo contaron. Y esta necesidad es lícita. Claro que necesitamos vicios, si no, además de que el mundo sería aburrido, sería traumático, angustioso, una pesadilla. Moriríamos de neurosis. Caos. Necesitamos caos. Necesitamos alienarnos, para sentirnos nosotros mismos. Somos estructuras incompletas, y la única manera de completarnos es a través del vicio, de vernos sin ser nosotros, de vernos desde fuera. Pero claro, en estas situaciones a veces perdemos el control. El vicio, que "tan nosotros" nos hace sentir, acaba dominándonos, dejas de controlarlo, y es él el que te acaba esclavizando. Pasas a un mundo nuevo, un tercer estadio de la vida, en el que ya no tienes una moral buena, ya no te estas enfrentando a esa moral, sino que ahora vuelves al principio, dejas de estar en el mundo para sólo "estar". El vicio es necesario para vivir, pero sé tu el que lo controle, no él a ti.

"Requiem for a Dream" (2000) de Darren Aronofsky.

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